Reúne microacciones afines para evitar saltos mentales: posicionar, sostener, fijar. Usa números que no reinicien arbitrariamente y conserva alineaciones entre paneles consecutivos. Señala dependencias con conectores claros, evitando bifurcaciones innecesarias que suelen provocar errores costosos y frustraciones cuando las manos ya están ocupadas.
Las advertencias eficaces viven cerca del paso que afectan, no en un bloque lejano. Diseña códigos de color y símbolos de peligro sobrios, reservando el rojo para riesgos reales. Así el flujo permanece estable y el lector no desarrolla ceguera de alerta.
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